Al encuentro de un amanecer personal

Aquel sábado desperté con una idea particular: "Debo ir a una cascada". Tenía días buscando la manera de llegar a un sitio turístico cercano a Belo Horizonte y encontré uno donde podía llegar con poco esfuerzo. La Cachoeira Do Ostras fue el destino seleccionado para sacarme de la rutina. Preparé unos sandwiches, anoté las direcciones en un postit y me fui. 

El viaje en bus estuvo fácil. Cuando llegué, comencé a caminar por un camino hacia una montaña y al pasar un rato pregunté si iba por el camino correcto. Tuve varias respuestas afirmativas hasta que me encontré con un muchacho que me dijo no conocer este camino hacia la cascada pero estaba seguro de otro camino y me ayudó a llegar allí, acompañándome en el trayecto.

Cuando me abandonó, me regaló una botella de gatorade. Y justo aquí comenzó aquella aventura de encontrar un buen lugar para sumergirme, tomar un par de fotos y regresar a casa en bus al final de la tarde... cuando iba bajando la montaña rocosa que me había indicado Igor justo antes de darme el gatorade, encontré a un muchacho en perfectas condiciones físicas (cosa que yo no tengo) que me preguntó a dónde iba y luego me respondió ¡Yo lo acabo de intentar y no lo logré! ¡Es muy lejos!... se despidió deseándome suerte. 

Creo que una persona normal habría tomado todo esto como una señal y tomado la decisión de regresar... una persona normal. 

Al bajar la montaña rocosa me sentía todo un escalador. El camino era espectacular y hasta amable. Una vegetación increíble con solo un pequeño camino improvisado por el paso humano. Después de más de una hora de camino no había llegado a la cascada y aunque seguí el único camino marcado, parecía que solo había encontrado un triste río.

Dejé entonces de buscar a la cascada y me dispuse a disfrutar del premio de consolación. Menos de un metro de profundidad, al pie de una montaña, estaba este riachuelo acompañándome en la soledad. 

Al regresar, por el mismo camino, me encontré con una lluvia que me preocupó. Al escampar me cambié y seguí caminando. Tal como me había advertido Igor antes, el regreso sería difícil porque habría que subir de manera empinada. 

El anochecer se acercaba y por una distracción del camino sentí perder el norte, que me hizo desviarme unos veinte minutos. Para cuando me encontré de nuevo, había sido arropado por la noche y la situación me hizo decidir quedarme y pasar la noche allí.

Pero siguió la amenaza de lluvia, el frío me abrazaba y llegó el más auténtico miedo. Sabía que podía sobrevivir una noche en aquel espacio abierto y sin refugio pero no si llovía. Esto podría causarme una hipotermia y no tenía cómo preservar el calor corporal hasta el amanecer en este caso.

Me entregué a Dios e inicié la más larga espera del amanecer. 

A más de una semana de este acontecimiento, he encontrado un símil con mi vida. Justo así me encontraba hace poco. Perdido, sin refugio, con frío, con miedo, solo, sin saber cómo o a quién pedir ayuda... 

Fueron más de dos años en los que no encontraba ningún rumbo ni respuesta. En donde quiera que miraba aparecía un miedo, una duda o una tiniebla. No encontraba ni trabajo ni clientes, me llené de deudas y mi alimentación y salud eran débiles, aunque logré mantenerlas estables.

Las vidas de cada uno de nosotros son diferentes y por lo tanto, los retos de cada uno son distintos. No puedo decir que sé cómo salir de cada tormenta o que pueda entender exactamente por lo que alguien esté pasando en un momento dado. Pero, he tenido sueños rotos, me he quedado sin esperanza, he dejado de ver la salida... sé qué es ser el incomprendido o quien recibe los consejos que no se aplican a tu situación.

Sé muy bien que la única persona que puede sacarte de ese estado eres tú mismo. Porque ya lo viví...

Y solo quiero decir que aquella noche llegó a su fin. Amaneció y logré sentirme vivo y feliz, agradecido por aquella noche en la que el miedo se convirtió en confianza y la oscuridad en día... notaba como la niebla se disipaba y como mi vida se veía más bonita con ojos de gratitud. 

Hace tiempo dejé de preocuparme por ciertas cosas agobiantes como los planes y el futuro. Me dedico a vivir el presente y eso me conecta con la gratitud y con la toma de decisiones. Ahora tomo de manera continua la decisión de estar feliz. 

Creo, amigo mío, que tú y yo podemos hacer que amanezca. Que disfrutar de esto que somos, del instante presente y de ser merecedores de todo lo bueno es una decisión que atraerá la cálida y brillante luz que nuestra vida ha venido a conquistar. 

Un abrazo.


Ness Liendo

Soy un millennial comprometido con el Desarrollo Humano y apasionado por la comida italiana, Internet y las buenas historias. Dentro de cualquier proyecto, mi misión es proyectar las opciones / ideas / estrategias / mensajes que puedan inspirar a acciones positivas.