Vas a salir bien...

Fue hace ya varios años cuando me tocó presentar una prueba importante en el quinto año de bachillerato. Se suponía que a partir de los resultados de esta, se conocía la carrera y la universidad donde cada estudiante del país sería asignado. Claro, no era el único mecanismo para ingresar a una universidad pero sí se le daba un gran peso. Papá daba clases particulares desde hacía años a estudiantes del barrio pero ese año, no quise tomar sus clases… tampoco estudié nada.

La noche antes del examen, me quedé en casa de tía Julia. Desperté muy temprano y estaba leyendo algunos ejercicios, me encontraba nervioso y ella, que siempre pudo leerme en una ojeada, me dijo mientras preparaba las arepas del desayuno: “No te preocupes, tú sabes todo eso. Vas a salir bien”.

Esa conversación tan corta se convirtió en una memoria... no sabemos qué momento será un recuerdo hasta que ya lo es... Su confianza en mí siempre me contagió y me trajo paz. Esa frase se convirtió en una especie de mantra que me puedo decir a mí mismo en diferentes momentos donde me siento como aquella vez, nervioso, ansioso, expectante.

Desde hace días, recuerdos como este se han hecho presente en visitas espontáneas para contarme lo feliz que he sido y llenarme el presente de nostalgia y tristeza. Recuerdos felices pero que me hacen llorar porque mi tía Julia se fue. Nos dejó a todos en shock, afectados por una partida para la que no podíamos ni queríamos estar preparados. 

Confieso que estaba negado a escribir este post. Cada vez que me enfrentaba a las teclas sufría de esa resistencia disfrazada de distracción o lack. En el fondo sabía que al hacerlo tendría que decir adiós y no estaba listo. Incluso, me puse plazos, pues pensé que si lo estructuraba, podría hacerlo... y no pude. Tal vez, nunca estaré realmente listo para lo permanente o lo definitivo.

En todo este tiempo lejos de casa, nunca había llorado tanto, ni había sentido tanto silencio, vacío y distancia… No sé dónde poner todo esto, que no es dolor sino la calma desagradable de saber que no la veré de nuevo, que no estará en la cocina ni en el patio de la pequeña casa de La Florida y que ya no estaré a tiempo para llorar en los hombros de otros que también la amaron como yo.


Ya sé que ha descansado de cualquier enfermedad y preocupación, que está en un mejor lugar y que le gustaría que nos sintiéramos bien a pesar de su ausencia… es solo que algunos días ninguna idea logra calmar ni el vacío ni la distancia, no callan al silencio ni alivian el dolor que se oculta al volver a la rutina… nada puede evitar que me sienta solo, vacío y distante… pero como dijo mi tía “Voy a salir bien”.



Gracias por leer.

Ness Liendo

Soy un millennial comprometido con el Desarrollo Humano y apasionado por la comida italiana, Internet y las buenas historias. Dentro de cualquier proyecto, mi misión es proyectar las opciones / ideas / estrategias / mensajes que puedan inspirar a acciones positivas.