Un suceso común en Colombia y la necesidad de aprender sobre respeto



Ésta tarde recibimos respuesta en la oficina de un anuncio que habíamos publicado en OLX sobre nuestros servicios de diseño y desarrollo web. Semanas atrás habíamos concluido que estar en éste tipo de buscadores sería beneficioso para nosotros por distintas razones que no vienen al caso ahora.


Sin pensarlo vi el número, llamé y me atendió Felipe Betancur de la Fundación Todos Podemos Ayudar. Le comento quien soy, de donde llamo y el motivo de mi llamada. Me comenta que lo agregue a WhatsApp y que me reenviaría unas notas de voz que había grabado antes para otra persona y que ojalá pudiera enviarle una propuesta hoy mismo para revisarlas mañana temprano y tomar su decisión.


Colgué, pero había olvidado preguntar por el presupuesto. Oprimo remarcar, le pregunto y recibo lo que para mi fue una retahíla de insultos.  “Te tiraste la venta porque mostraste el hambre” “no muestres el hambre”, en un tono que si puedes imaginar no sonaba tranquilo. Le pedí que me escuchara, continuó. “No me envíes ninguna propuesta” dijo con su perfecto acento de Medellín. Colgamos.


Recordé que alguien me comentaba hace poco sobre “Los Cuatro Acuerdos” y sobre la importancia de no tomarnos nada de modo personal. Me parece una genial lección y un gran rasgo personal, pero yo no he leído el libro aún, y aunque no me lo tomo a personal, no quise dejar pasar la oportunidad de escribir sobre éste ligero acontecimiento.


Cualquier persona tiene derecho a tener un mal día y a reaccionar mal de vez en cuando, sin embargo, las personas que ejercen roles de liderazgo siempre tienen que exigirse un poco más y aprender sobre eso que llaman Inteligencia Emocional, saber comunicarse asertivamente y mantener la diplomacia o compostura.


Aún no sé por qué se ha molestado tanto por la pregunta del presupuesto. Tengo la costumbre de preguntar cualquier cosa que no sé, además que no es ningún delito preguntar y es un información clave para iniciar cualquier proyecto. Seguramente fui impaciente y debí esperar sus notas de voz, pero no por ello tengo que aguantarme los complejos de nadie al teléfono.


Lo cierto es que ahora ninguno quiere trabajar con el otro, y en mi mente llegan pensamientos como “de lo que me salvé”, porque de no haber ocurrido éste evento y haber iniciado un proyecto, me habría podido llevar cualquier otro chasco con éste personaje de la fauna colombiana.


Yo sé que Colombia es un país con muchos matices, puedo decir que en los últimos catorce meses he aprendido a comprender a su gente, a respetar su cultura y le he tomado el cariño que merece. Sin embargo, nada de esto implica que voy a permanecer callado cuando alguien quiere dárselas de superior, quiera pisotear a otra persona o le dé por hacer gala de su mala educación.


Éste hermoso país tiene mucho que aprender sobre el amor propio, el respeto a los demás, aprender que un cargo no le da derecho a nadie de sentirse superior, que ser sumiso ante el jefe o el cliente no es sinónimo de respeto o buen servicio y un prolongadísimo etcétera. Y mi deseo más profundo para éste lugar que ha sido mi casa es que su gente abra los ojos y actué para ser el país que Colombia merece ser, sin tanto cargo, sin tanto desvalor, sin tanta mala maña.


Les estima,

Ness.

Ness Liendo

Soy un millennial comprometido con el Desarrollo Humano y apasionado por la comida italiana, Internet y las buenas historias. Dentro de cualquier proyecto, mi misión es proyectar las opciones / ideas / estrategias / mensajes que puedan inspirar a acciones positivas.